23- La esperaHoy, como todos los sábados, salí temprano para comprar unas medialunas para el desayuno. Casi todos los sábados me la encuentro a Kika por el camino, ya que para ir a la panadería tengo que pasar por la puerta de su casa, y ella también hace las compras a esa hora. Para ese lado me dirigía, cuando de lejos diviso a la gallega sentada en el escalón de su puerta, vestida todavía con pijama y bata, con la mirada perdida y con los brazos al rededor de sus rodillas.
Hola, qué te pasa?, le dije en voz baja. Kika levantó la cabeza y me miró, con unos ojos... como vacíos. Estoy esperando, me contestó. Y qué esperás?, pregunté bastante extrañada.
Silencio.
Largó un suspiro, y por fin aclaró: estoy esperando... que se me ocurra alguna idea.
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